ALGUNES FRASES AL LLARG DE LA HISTÒRIA QUE HAN MARCAT LA NOSTRA VIDA, I CONTINUEN MARCANT-LA.
FINS A QUIN PUNT SOM RESPONSABLES NOSALTRES MATEIXES DE LA NOSTRA SITUACIÓ. JA HEM COMENÇAT LA NOSTRA REVOLUCIÓ. NO DEFALLIM. AQUEST ÉS EL SEGLE DE LES DONES.
El hombre no ha sido sacado de la mujer, sino la mujer del hombre; y el hombre no ha sido creado para la mujer, sino la mujer para el hombre.
(san Pablo s. I)
Adán fue inducido al pecado por Eva, y no Eva por Adán. Es justo que aquel a quien la mujer ha inducido al pecado, sea recibido por ella como soberano.
(san Ambrosio s IV)
¿Y no sabes tú que eres una Eva? La sentencia de Dios sobre este sexo tuyo vive en esta era: la culpa debe necesariamente vivir también. Tu eres la puerta del demonio; eres la que quebró el sello de aquel arbol prohibido; eres la primera desertora de la ley divina; eres la que convenció a aquel a quien el diablo no fue suficientemente valiente para atacar. Así de fácil destruiste la imagen de Dios, el hombre. A causa de tu deserción, incluso el hijo de Dios tuvo que morir.
(Tertuliano ss. II-III)
No alcanzo a ver qué utilidad puede tener la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños.
(san Agustín de Hipona ss. IV-V)
Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos más que a otros (...). ¡Amonestad a aquellas mujeres de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis más con ellas. Alá es excelso, grande.
(El Corán, “Las mujeres”)
Que las mujeres respeten a sus maridos como si se tratase del Señor, pues el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y al mismo tiempo salvador del cuerpo, que es la Iglesia. Y como la Iglesia es dócil a Cristo, así también deben serlo plenamente las mujeres a sus maridos.
(san Pablo, “Carta a los Efesios” s. I a. J.C.)
Tengan sus hijos y hagan como puedan; si mueren, benditas sean, porque seguramente mueren en medio de una noble labor y de acuerdo a la voluntad de Dios(...) Que mueran dando a luz, que para eso están.
(Martín Lutero s. XVI)
Resulta evidente que el uso de maniobras y métodos anticoncepcionales es, ante todo, un atentado a la salud de la mujer, que se ve privada de los beneficios hormónicos que tiene derecho a recibir de las relaciones sexuales.
(Carlo Guarnero, “La verdad sobre el amor”, versión española por José Zahonero Vivó, doctor en Sagrada teología 1966)
No hay manto ni sayo que peor siente a la mujer que el querer ser sabia.
(Martín Lutero s. XVI)
Apenas si la esposa ha exhalado el último suspiro que ya hay otra esperando ocupar su lugar.
(El Talmud)
Una hermosa morada, una esposa guapa y un mobiliario bonito le alegran la vida al hombre.
(El Talmud)
Los hombres son tutores de las mujeres porque Alá dispuso que unos sobresaliesen sobre las otras y porque a ellos les pertenecen las riquezas. Las mujeres virtuosas son las que son obedientes y se mantienen discretas, que es lo que Alá espera de ellas. Y aquellas que no guarden obediencia serán amonestadas, y permanecerán solas en su lecho, y recibirán castigo.
(El Corán, capítulo 4, versículo 35)
La mujer bien educada... no sale de su casa excepto con consentimiento expreso, y además lleva vestimenta vieja y poco atractiva. Antepone los derechos del marido a los suyos propios y a los de su familia. Es esmerada y está siempre preparada para procurarle goce sexualmente.
(imam Al-Ghazzali s. XI)
El hombre es la cabeza de la mujer, tal como Cristo es la cabeza de la Iglesia. La mujer debe estar sometida al marido y obedecerle, no a modo de sierva, sino de compañera, es decir, de tal modo que el sometimiento que ella le presta no se aparte del decoro ni de la dignidad.
(León XIII 1880)
Estas son las tareas que la mujer debe realizar para su esposo: moler, cocer pan, lavar ropa, cocinar, dar de mamar a su hijo, hacerle la cama y cardar la lana.
Si le aporta una criada no está entonces ni a moler, ni a cocer el pan ni a lavar la ropa; si le aporta dos tampoco está obligada ni a cocinar ni a dar de mamar a su hijo; si le aporta tres tampoco deberá hacerle la cama ni cardar la lana; si le aporta cuatro, puede estarse sentada en un sillón sin hacer nada. R. Eliezer dice. “Aunque le aportara cien criadas el esposo puede exigir que carde la lana, ya que la ociosidad conduce a la lujuria”.
(Mishnah, Ketubbot V, 5 en 59b)
Una hija es un tesoro falso para un padre. A causa de las preocupaciones que causa le impide dormir por las noches. Cuando es joven, teme que la seduzcan. Cuando es adolescente, teme que se dedique a la prostitución. Cuando es adulta, teme que no se case. Cuando está casada, teme que no tenga hijos. Cuando llega a vieja, teme que se dedique a la magia.
(Sanhedrín 100b)
El mayor honor que le cabe es el hecho de que, inevitablemente, hemos de nacer de una mujer.
(Martín Lutero)
(...) dice el sabio que “aunque se tornase la tierra papel y la mar tinta y los peces de ella péndolas, que no se podrían escribir las maldades de las mujeres”.
(Infante don Fadrique, hermano de Alfonso X, Libro de los engaños, 1253)
¿Qué es la mujer?
Confundimiento del hombre, bestia que nunca se harta, cuidado que no tiene fin, guerra que nunca queda, peligro del hobre que no tiene en sí mesura.
(Alfonso X el Sabio, Primera Crónica General, c. 12
(...) en el momento de realizarse el matrimonio es necesaria una lectura pública del texto porque es importante que en un siglo en que las mujeres olvidan el sentimiento de su inferioridad, se les recuerde con franqueza la sumisión que deben al hombre que se convertirá en el árbitro de su destino.
(Bonaparte)
Y dice que la gran malicia de la mujer se enmienda mejor con la vergüenza, si es una mujer distinguida, que de ninguna otra manera. Pero si la mujer es vil y de vil condición, como por ejemplo campesina, esclava o cautiva, entonces se corrige mejor con azotes y porrazos.
( Francesc Eiximenis, Lo llibre de les dones, 1396)
Pocas veces o nunca lleguen los pies de las mujeres a tu puerta, ni estés en una casa con ella, ni confíes en la castidad pasada, ca ni eres más santo que David, ni más fuerte que Sansón, ni más sabio que Salomón.
(san Jerónimo, Epístola)
(...)creo yo que el soberano y poderoso Señor quiso y quiere en la natura humana obrar estas dos contrariedades, conviene a saber: el estado varonil, fuerte y valiente, y el femíneo, flaco y delicado. Ca los varones con su fuerza, y así en procurar y tratar y saber ganar los bienes de fortuna, como el regir y gobernar y defender sus patrias y tierras de los enemigos, y las otras cosas que a la conservación y provecho de la república se requiere, y por consiguiente a sus particulares haciendas y personas; para lo cual, mucho conviene y es menester que sean robustos y valientes, de grande ánimo y aun de grandes y de muy elevados entendimientos.
Y hembras, así como flacas y pusilánimes y no sufridoras de los grandes trabajos y peligros que la procuración , gobernación y defensión de las sobredichas cosas se requieren, solamente estando inclusas o encercadas dentro de su casa, con su indústria y trabajo y obras domésticas y delicadas dan fuerza y vigor, y sin duda no pequeño subsidio a los varones. Y así se conserva y se sostiene la natura humana, la cual es hecha de tan flaco almacén que sin estos ejercícios y trabajos no podría vivir.
(Teresa de Cartagena, Admirción Operum Dei, s. XV)
(...) La mujer, naturalmente, tiene muy recios bandos con la envidia, la cual, por muy mal que encaje con algunas mujeres, nunca las deja de la falda.(...) Nunca vi cosa tan desaforada como es ver una demasiada ira y crueldad en una mujer; que hallareis algunas tan sobresalidas, que con aquel su aceleramiento y encendida rábia pegarían fuego a todo el mundo y lo abrasarian juntamente, con tal que se saliesen con la suya y se viesen satisfechas y vengadas.
(Juan Luís Vives, Instrucción de la mujer cristiana, 1528)
(...) El airado se duele; el que aborrece, no. La ira y el enojo hace temibles a los poderosos y ridiculos a los impotentes, como los niños y las mujeres, tanto más si profieren vocablos fuertes y trágicos, e, imitando a los poderosos, amenazan males crueles y horribles.
(Juan Luís Vives, Tratado del alma, 1538)
(...) El mejor dote, la mejor heredad y la mejor joya que la mujer ha de llevar consigo ha de ser la vergüenza, y si el padre viere que su hija a esta ha perdido, menos lástima le sería enterrarla que casarla.
(Fray Antonio de Guevara, Epístolas familiares, 1539)
Des que vieres a tu mujer andar muchas estaciones y darse a devoterías y que presume de santa, cierrale la puerta, y si esto no bastare, quiébrale la pierna, si es moza, que coja podrá ir al paraíso desde tu casa, sin andar buscando santidades sospechosas.
(Francisco de Osuna, Norte de los estados, 1531)
(...) y, si las llamase cieno, que corrompe el aire y le infecciona, y abominación aborrecible, aún se podría tener por muy corto. Porque, teniendo uso de razón, y siendo capaces de cosas de virtud y loor, y teniendo ser que puede ollar sobre el cielo y que está llamado al gozo de los bienes de Dios, se desacen tanto ellas mismas, se aniñan así con delicadeza, y se envilecen en tanto grado, que una lagartija y una mariposilla que vuela tiene más tomo que ellas, y la pluma que va por el aire, y el aire mismo, es de más cuerpo y sustáncia. Así que debe mirar mucho en esto la buena mujer, estando cierta que, en descuidandose en ello, se volverá en nada.
(Fray Luís de León, La perfecta casada,1583)
(...) ¿Cómo se recogerá a pensar en Dios un rato la que ha gastado muchos en Garcilaso? ¿Cómo? ¿Y honesto se llama el libro que enseña a decir una razón y responder otra, y a saber por qué termino se han de tratar los amores? Allí se aprenden las desenvolturas y las solturas y las bachillerías; y náceles un deseo de ser servidas y recuestadas, como lo fueron aquellas que han leído en esto a sus Flos Sanctorum, y de ahí vienen a ruines y torpes imaginaciones, y de estas a los conciertos, o desconciertos, con que se pierden a sí y afrentan las casas de sus padres y les dan desventurada vejez; y la merecen los malos padres y las infames madres que no supieron criar a sus hijas, ni fueron para quemarles tales libros en las manos.
(Pedro Malón de Chaide, Laconversión de Magdalena,1588)
(...) el feminismo es el eterno engaño de la seducción con que pone asechanzas la serpiente al calcaño de la mujer. Es el mismo lenguaje del Paraíso, el mismo silvo del dragón infernal murmurando a los incautos oídos de la inocente Eva el “sereis como Dioses”, para arrastrarla a su caída fatal.
(Alejandro Pidal Mon, ministro de Educación. “El feminismo y la cultura de la mujer”, Ciudad de Dios, noviembre de 1904)
Y ellas, que andan por la tierra como diosas carnales, buscando los ojos de sus adoradores, no piensan que, dentro de poco, aquella figura tan alabada, tan adorada por los hombres sensuales, será un monton de corrompida materia que habrá de apartarse de la vista de los hombres por hedionda, que apestará con su hedor, que no tendrá más caricias que las de los gusanos que la festejaran para devorarla.
(Cardenal Isidro Gomà y Tomàs, “Las modas y el lujo ante la Ley cristiana, la Sociedad y el Arte,1913)
También por acá teníamos nuestras lindas Malnati, si no socialistas, su tantico peligrosas, y algunas de positivo talento y de no escasa valía cultural. A sus influjos acaban de nacer algunas asociaciones femeninas que alistaban bajo su respectiva bandera a muchas sorprendidas mujeres hispanas. Y el Cardenal Primado, al ver en una de esas asociaciones feministas indecorosos radicalismos, impropísimos de la mujer española, y en otra cierto neutralismo religioso que suscitaba vivos recelos y hacía barruntar serios peligros, ideó esa afortunada “Acción Católica de la Mujer”, que, en pocos meses echó profundo arraigo en Madrid.
(Padre Graciano Martínez, El libro de la mujer española. Hacia un feminismo casi dogmático,1921)
Somos mujeres ignorantes y no sabemos más que hilar y hacer lo que nos mandan.
(Santa Teresa de Jesús, s. XVI)
Cuando el ternero (hijo) cocea es el momento de darle una paliza a la vaca (madre).
(El Talmud)
La mujer intriga mientras va hilando con el huso.
(El Talmud)
El vocablo “ homo” deriva de “ humus” (tierra), por eso la mujer no puede ser hombre ni ser calificada de tal, pues no procede de la tierra, sino de una costilla; y ante el hecho de que la mujer pretenda convertirse en hombre (a través del parto), la respuesta está bien clara, pues también los animales paren con dolor, y no por eso son personas.
(Ob die Weiber Menschen seyn oder nicht, 1618- disputa entre un jesuita defensor de las mujeres y un benedictino misógino)
¿Pueden ir al cielo las mujeres que dan a luz? (su respuesta final es positiva, aunque con vacilaciones)
Zedler, Grosses vollständiges Universallexicon, s. XVIII)
(ellas)”no tienen ni el infalible instinto de los animales ni la facultad de fijar la mirada de la razón sobre un modelo perfecto. Creadas para ser amadas, no deben pretender el respeto, por temor de que la sociedad las rechace por maculinas”
(relato de la tumba de Mahoma)
Como la conducta de la mujer está subordinada a la opinión pública, su fe en asuntos de religión debiera someterse a la autoridad. Cada niña tendrá que tener la misma religión que su madre, y cada esposa la misma que su marido... Como no tienen capacidad de juzgar por si mismas deben aceptar la decisión de sus padres y maridos con tanta confianza como las de la Iglesia.
Como la autoridad debe regular la religión de las mujeres, no es tan necesario explicarles las razones de su creencia como establecer los dogmas que tienen que creer...
(Rousseau)
Las mujeres nunca descubren nada. Les falta , desde luego, el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar mejor o peor lo que los hombres han hecho.
(Pilar Primo de Rivera, Primer Consejo Nacional del Servicio Español de Magisterio, febrero de 1943)
BIBLIOGRAFIA:
Caballé, Anna. Una breve historia de la misoginia. Mondadori. Barcelona 2006.
Posadas, Carmen-Courgeon, Sophie. A la sombra de Lilith. Planeta .Barcelona 4004.
Bock, Gisela. La mujer en la histiria europea. Crítica. Barcelona 2001.
Duby, Georges- Perrot, Michelle. Historia de las mujeres vol. 3 y 4. Santillana. Madrid 2003.
Ayaan Hirsi Ali. Yo acuso. Galaxia Gutenberg. Barcelona 2006.
Wollstonecraft, Mary. Vindicación de los derechos de la mujer. Debate . Madrid 1998.
Deschner, Karlheinz. Opus diaboli. Yalde. Zaragoza 1987.
Vidal, César. El Talmud. Alianza. Madrid 2000.
La sabiduría del Talmud. Col. Los pequeños libros de la sabiduría. José J de Olañeta editor. Palma de Mallorca 2002.